De todo aquello que sucede solo tenemos algunas nociones que nos son heredadas por quienes nos preceden en esta cuestión de la existencia, o bien, son interpretadas por ocasionales testigos que nos otorgan la posibilidad de ver por sus ojos y comprender por sus decires. La tarea del periodista, que fue la del bardo y el juglar e incluso la del mítico oráculo, con algo de druida y de hechicero, es el oficio de desenterrar la verdad y ponerla a consideración de los demás por muy maltratada que esté y por más que fuerzas contrarias pretendan esconderla. El periodista se encomienda a la tarea de contar lo que pasa, no lo que quiere que pase o lo cree que debería pasar; y eso solamente si entiende de qué se trata esto de ser periodista. Para no contradecir su destino y su vocación tiene a su entera disposición el uso esencial de las palabras, pero para eso las tiene que conquistar, develar sus secretos, combinarlas como en una partitura universal donde cada nota resulta irremplazable y es el eco de la voz particular que nos habita.

Ese es el objetivo de este taller, ayudar a encontrar esa voz que cada estudiante tiene dentro, ese estilo individual que le otorgará la libertad de escribir desde la propia identidad, sin ser parecido a ningún otro y ser todos a la vez; porque somos el resultado natural de aquello que leemos, que leímos, que escuchamos y escribiendo frente a esos múltiples espejos es como cada uno puede ser único.

Para eso se apelará al encuentro del periodismo con la literatura, disciplinas narrativas que se cruzan de forma habitual y se reconocen en variados recursos similares.

Lic. Alejandro Ippolito